Durante la COP30, celebrada en los confines del bosque amazónico, uno de los debates más encendidos giró en torno a la representatividad de la Amazonía para el planeta. Apenas el 1,3 % de la superficie total del globo, o el 7 % de las tierras emergidas, y sin embargo su importancia ecológica es incuestionable: el 50 % de la biodiversidad mundial y el 20 % de toda el agua dulce del planeta. Es una función colosal para poco más del 1 % de la Tierra.
El páncreas presenta una paradoja semejante. Representa menos del 0,1 % del peso corporal total, mide entre 15 y 25 cm de longitud y pesa en promedio entre 60 y 100 gramos. Cabe en la palma de la mano y, sin embargo, es capaz de determinar el destino de una vida entera y de provocar el mayor enredo de la medicina. Pequeño en tamaño y gigantesco en importancia, el páncreas alberga, entre tantas complejidades, una genética desafiante —o más bien, un arma de grueso calibre: el gen KRAS. Su gatillo puede desencadenar uno de los cánceres más letales para el ser humano.
El cáncer de páncreas figura entre los diagnósticos más temidos de la medicina: silencioso, agresivo y asociado a algunas de las tasas de supervivencia más bajas en oncología. Los médicos se sienten impotentes ante esta neoplasia. Parece, casi, un OVNI bombardeando la Tierra.
Y entonces la ASCO (Sociedad Americana de Oncología Clínica) lanzó desde Chicago una andanada que paralizó al mundo científico: el Daraxonrasib, cuyos nuevos resultados demostraron control de la enfermedad y duplicaron la supervivencia en casos avanzados. Una sola pastilla capaz de silenciar al gen verdugo KRAS. Los aplausos no tardaron en llegar tras el anuncio de los resultados. No fueron aplausos protocolares, ni entusiasmo de circunstancias, ni gritos frenéticos de «¡wohoo!». De haber sido un concierto, habría equivalido al unánime «¡Bravo, bravo!» con todos de pie. Quizá por eso aquellas palmas tan contundentes resonaron en todo el planeta: no solo en las redes sociales, sino en los titulares de los principales diarios del mundo. Había allí la percepción de que algo importante estaba ocurriendo. Fue un escalofrío en la oncología, tras décadas en que esta neoplasia simbolizó —y aún representa— uno de los mayores desafíos de la medicina. Los resultados de la investigación lograron alterar perspectivas que hasta entonces parecían consolidadas.
Podemos decir, pues, que el KRAS por fin encontró quien lo desenchufara, y ese alguien tiene un nombre difícil de pronunciar: Daraxonrasib, que no tardará en reducirse a Daraxon, o simplemente Dara, en los círculos oncológicos. Aun sin representar la cura, es fiat lux en la oscuridad de la oncología; es esperanza, es ciencia —y no un milagro, quéde claro.
Para quienes no son del ámbito médico, vale la pena contextualizar: el congreso de la ASCO es el principal encuentro mundial de oncología. Es allí donde suelen presentarse los avances más relevantes en el diagnóstico y tratamiento del cáncer. No es un entorno conocido por la euforia. Los científicos están entrenados para desconfiar de sus propios resultados, para cuestionar las conclusiones ajenas y para celebrar cada logro con prudencia. Entre los presentes estaba Clarissa Baldotto, miembro del GBOT (Grupo Brasileiro de Oncologia Torácica), dedicada al cáncer de pulmón, y estaba radiante: «pensar que puedan abrirse perspectivas para otros tumores que tengan el mismo tipo de mutación». El «otro», en este caso, es el cáncer de pulmón.
Aunque sea un pequeño paso para la medicina, fue una ganancia de esperanza que floreció en el pequeño páncreas, desafiando toda lógica de las proporciones.
Quizá la naturaleza intente enseñarnos constantemente que la grandeza no se mide en hectáreas, centímetros ni gramos, sino en impacto… en aplausos. Y el páncreas cabe en la palma de la mano.
Sí, necesitamos más COP, así como más ASCO. Al fin y al cabo, el futuro suele comenzar en lugares que pocos advierten, pero que sostienen el equilibrio… Porque cada vez que la ciencia se convierte en luz, toda la humanidad ve un poco más lejos.
Jader Leite — Doctor en Ingeniería Hidráulica y Ambiental, Universidad de São Paulo (USP)
Roger Normando — Profesor de Cirugía Torácica, Universidad Federal de Pará (UFPA) y Miembro del GBOT (Grupo Brasileño de Oncología Torácica)
Artículo originalmente publicado en el periódico “O Diário do Pará”
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